Central Sindical Independiente y de Funcionarios

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Enero 2019

La Espiral del Silencio

en Editorial por
La universidad española parece haber tomado como paradigma la famosa teoría de Elisabeth Noelle-Neumann sobre el control social a la hora de establecer el sistema de voto ponderado de elección a Rector, asumiendo como mayoritaria y dominante la posición de los profesores doctores con vinculación permanente a la universidad frente a los demás sectores de la comunidad universitaria, en franca desventaja. Todo ello respaldado por una Ley Orgánica y por los Estatutos propios de cada universidad, dotando de legalidad una situación, cuanto menos, de indefensión.

Harvey Firestone, el gran magnate americano de los neumáticos, contemplaría entre absorto y maravillado la llanta dinamométrica, que ilustra este editorial y que los chicos y chicas del INSIA han estado desarrollado para medir fuerzas y momentos en su contacto con la carretera, de una forma que hace 150 años apenas se atisbaba.

La rueda es uno de los grandes inventos de la humanidad. Es posible que no exista nada más perfecto que la geometría del circulo. Sin embargo, este por sí mismo se presenta con una perfección estática, permanente, inmóvil. Necesita de ese impulso vital que lo dinamice y dote de movimiento. Y es precisamente ahí, cuando nuestra figura se torna en otra más trascendente: la espiral.

Un símbolo visual tan potente, que es permanencia y evolución al mismo tiempo. La politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, con su teoría de la espiral del silencio (1977), supo aprovechar su fuerza para explicar como muchos individuos optan por no manifestar su opinión si perciben que en su entorno esta es minoritaria. Y aunque la autora toma la opinión pública como forma de control social y posición dominante, es fácil extrapolarlo a la realidad que vive la universidad española en general y la nuestra en particular. ¿Qué sucedería si aplicásemos esta magistral teoría al desigual sistema de elección a rector que se impone a la comunidad universitaria? A diferencia de la teoría de Noelle-Neumann, donde la posición del individuo en relación con la mayoría siempre es voluntaria, el procedimiento de elección al máximo responsable en la universidad no lo es, asegurándose el control de los distintos sectores universitarios – y por tanto de sus opiniones – mediante una ley orgánica y unos estatutos, ya sesgados desde su concepción. Sin la posibilidad de salirse del coto ponderado impuesto a los distintos estamentos, los actores universitarios con menor representación siempre estarán abocados a expresarse como minoría.

Nuestra universidad, a semejanza del resto, juega con los siguientes porcentajes:

  1. a) Representación del profesorado y personal investigador.
  2. I) Profesores doctores con vinculación permanente a la Universidad Politécnica de Madrid: 51%
  3. II) Resto del profesorado y personal investigador: 16%.
  4. b) Representación de los estudiantes: 24%.
  5. c) Representación del personal de administración y servicios: 9%

Estos sectores conforman los pilares sobre los que se sustenta la comunidad universitaria; el peso total de esta mesa estaría distribuida sobre cuatro patas de distinto grosor. El desequilibrio es evidente y la desventaja de unas respecto a otras insultante. El resultado de una mayoría manifiesta suele redundar con frecuencia en una endogamia encubierta. Lealtades y votos se circunscriben a un único actor. No sentirse comprometido de responder a todos los electores al mismo nivel acaba convirtiendo el juego en una partida con las cartas marcadas.

No hay que olvidar nunca que la universidad es una institución compuesta por personas, y el voto de cada una de ellas, con independencia del estamento al que pertenezcan, debe tener la misma validez que el resto o cuanto menos, dada la idiosincrasia de la universidad, estar dentro de una proporcionalidad equitativa. Lo contrario resultaría ser meramente una capa de barniz democrático en forma de sufragio universal, para disimular un vasallaje propio del medievo, con lo cual se acrecentaría, si cabe más, la brecha entre una mal entendida élite académica y el resto de la comunidad universitaria.

La asimilación de las leyes y las normas nos ayudan con frecuencia a entender lo que somos a través de lo que fuimos, y estas deben evolucionar para que nosotros podamos evolucionar con ellas como la espiral que somos, como la espiral que nunca se debe detener.

Photo by Santiago Villamediana

PREMIOS CSIF 2019

en Noticias/PDI Funcionario/Perfiles por

Junto a la excelencia, viene el reconocimiento

William Makepeace Thackeray

Si bien es cierto que no siempre se cumple esta premisa, afortunadamente la mayoría de las veces sí. La excelencia no es algo que se pueda regalar. Se alcanza o no. Pasión, esfuerzo y dedicación son los tres motores; no hay medias tintas en este trayecto. La excelencia, por tanto, es inapelable. Y así se consideró en la segunda edición de los Premios CSIF, al reconocer la labor docente de los profesores José Luis Llavona Arregui y Luis Dochao Moreno (imagen), ambos profesores de la Universidad Politécnica de Madrid, concediéndoles el primer premio en la categoría de Docencia dentro del ámbito universitario por su proyecto “Correspondencia comercial y profesional en inglés” .

Ahora entrados en el 2019 y teniendo como referencia e introducción el éxito de los dos años anteriores, se convoca la III Edición de los Premios CSIF Educación Madrid, cuyo objetivo es hacer visible la labor de los docentes (junto con sus investigaciones) de la comunidad de Madrid y  premiar su esfuerzo, y cuyo lema reza “CSIF reconoce tu labor”.

El plazo para presentar candidaturas finalizará el próximo 8 de abril.

Bases de la convocatoria y formulario de nominación

 

Para finalizar, aquí os dejamos unas preciosas líneas de José Luis Llavona Arregui, uno de los integrantes del tándem docente de la UPM, y de una delicadeza incuestionable.

 

Cuando el detalle importa

Conocí de cerca a una persona que dedicó su vida a la Docencia. Fue Maestra durante casi 50 años, muchos de ellos en un pueblo de Asturias desde la posguerra hasta los años 70. Como tantas mujeres de su época, tenía que atender a su familia en casa como primera obligación, además de hacer su trabajo. Esa persona era mi Abuela, y en todos los años en que tuve la suerte de poder hablar con ella, nunca la oí quejarse de la Escuela, de Su Escuela.

Cuando se jubiló, no había año que no fueran a visitarla sus alumnas, a las que ella se refería como sus niñas (aunque algunas de ellas ya fueran sexagenarias). Yo no me quedaba durante esas visitas, pero sí recuerdo que, sobre todo, se las oía reír (¡y cómo!) recordando aquellos tiempos de la Escuela. Después de esas visitas mi abuela se podía pasar días hablándonos de cómo una había llegado a ser abogada, la otra enfermera, otra economista… y, al contarlo, se le iluminaba la cara. Ella era consciente de que tenía parte de “culpa” del éxito profesional de sus alumnas, por haberles transmitido un gusto por el aprendizaje que en muchos casos no iban a encontrar en sus casas.

Estoy convencido de que tanto antes como ahora hay muchos Docentes (desde las escuelas infantiles hasta la universidad) que, al igual que mi Abuela, son capaces de inspirar a sus alumnos, hacerles creer en sí mismos y en el valor del esfuerzo. Y no lo hacen porque esperen una recompensa; lo hacen porque no conocen otra forma de hacer su trabajo: echándole pasión y entusiasmo. No lo hacen esperando un reconocimiento. Nosotros no merecemos este Premio más que todos ellos y nos gusta pensar que lo recibimos en su nombre.

Queremos agradecer al CSIF la iniciativa de premiar la docencia, porque, al final, se trata del detalle, y el detalle importa.

Va por ti, María Luisa.

Jose Luis LLavona Arregui
T.E.U. del Departamento Lingüística Aplicada a la Ciencia y la Tecnología

Photo by Santiago Villamediana

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